Una Domina, una sumisa y su mascota.
Adrian, un chico tímido, introvertido, programador desde los 14 años, muy inteligente estaba sentado en su escritorio, se sentía algo incómodo, sentía que alguien lo estaba observando detenidamente y eso le molestaba mucho. Pasó el tiempo, la mirada intensa seguía ahí, pero no entendía de dónde venía esa sensación incómoda, la puerta de su oficina se abrió, la secretaria de Adrián entró seguido de Martín. —Lo siento Señor, no me hizo caso de esperar afuera—lanza una mirada como lanzas a Martín, pero Adrián solo sonríe —Tranquila Susana, frenar a éste chico es como enfrentarse con un toro, ya puedes retirarte— le dice con una sonrisa amable y luego pone su atención en el no tan invitado personaje frente a él. —Amigo, ¿Por qué sigues torturando a mi pobre secretaria?— el otro chico le guiña un ojo y con una sonrisa lobuna en la cara expresa —¡Me encanta! ¡Trabajas con ella y no notas su belleza!— dice casi a modo de grito haciendo que todos los de afuera volteen a ver a la oficina. —¡Shh...