La danza carnal que lleva al cielo (+18)
La danza carnal que lleva al cielo, una forma inconfundible de comunicación, estoy consciente de mis pies moviéndose al ritmo del tango, lo veo entrar por la puerta y 1, 2, 3, 4 seducción, las cuentas de mi compañero se han borrado.
Mis ojos solo pueden enfocar las sensaciones que tengo, mi estómago se aprieta, mi vagina se moja, mi boca se seca. Sus ojos se oscurecen, mi corazón se acelera, ¡él lo sabe!
De repente se acerca y en un giro me atrapa entre sus brazos, su aliento en mi oreja, en el cuello, mi piel se eriza con su juego, los dos bien pegados, perfecta sincronía, me guía con expertis, mi compañero ha quedado olvidado.
Las palabras salen de mi boca sin pensarlo —No sabía que bailabas—. Su sonrisa pecadora, mis partes intimas se presionan entre sí, —Cariño no es nuestro primer baile— su manos van a mi cuello girandome, mis pezones se endurecen e irremediablemente pienso en nuestra cama.
Sabanas por todos lados, el aroma a loción y pecado. Sus manos como en el tango guiándome, ambos en el mismo ritmo. 1, 2, 3, 4 embestidas, me muerdo el labio, mis ojos se oscurecen.
Nos desplazamos en la pista como si fueramos pareja por años, pero ¿No lo éramos?, cada orden, cada instrucción, cada posición, sus manos expertas recorriendo mi cuerpo en los lugares correctos.
Mis ojos se oscurecen cada vez que entra y muerde un lugar concreto, mi cuerpo se calienta, el público nos mira como hipnotizados. Sé que él está pensando en eso también, una danza carnal, una danza que terminará en la cama, con nuestras ropas en el piso.
Al terminar, toma mi mano y me lleva al primer elevador que encontramos, somos como animales, sabemos lo que necesitamos, la puerta de la habitación se abre, tres pasos y estoy de rodillas, el pantalón cae al piso, mi blusa es arrancada, sus manos en mis senos.
En un momento cerraba los ojos con la sensación de mis pezones estimulados. Al otro veo su erección dura y se lo que debo hacer, un ritmo desenfrenado, nos inunda un frenesí, su voz es hipnótica, sus manos en mi cabello, sus gemidos.
Me pone de pie y ordena -quítate la ropa-.
Uff la inspección, sus ojos recorriendo cada centímetro de mi cuerpo, mi piel hierve, mis mejillas se encienden, estoy un poco avergonzada, me lleva a la cama, toca los lugares correctos, un beso en el muslo.
¡Gemido!
Una mordida en el pecho.
¡Siseo!
Siento como me penetra, toca, lame y esa sensación se construye y sube y sube, estoy en la orilla viendo el precipicio y cuando mi mente sube esa muralla.
¡Zas!
Siento como me penetra, toca, lame y esa sensación se construye y sube y sube, estoy en la orilla viendo el precipicio y cuando mi mente sube esa muralla.
¡Zas!
Su mano en mi cuello, una embestida más dura y el muro cae conmigo.
Mis ojos en blanco, gemidos casi inaudibles, espalda curvada, me elevo, mi mente sale de mi cuerpo y solo siento placer duro, rompiendo y construyendo cada parte de mi ser. Él sigue, y extiende esa sensación de volar en éxtasis al cielo, siento mis jugos empapando, cada vez más apretada.
Siento que estoy hirviendo y caigo de vuelta a esta dulce tortura.
Me voltea, y lo siento en mi espalda, es cuidadoso, esa ternura y cuidado me llevan a otro lugar, de seguridad, la orden sale y se ejecuta sin dudar, no hay mayor libertad que confiar, lo siento entrando en esa zona tan prohibida y sucia, siento mis músculos luchando contra él, su mano en mi clítoris de alguna manera.
Sus embestidas suben y nuestros gemidos, siseos y quejidos crean una balada.
Una balada que habla de pasión, sudor y entrega.
Exploto aún más fuerte que la anterior y siento su mano en mi cabello, su otra mano, una nalgada, dos, cada golpe me contraigo más y sé que lo aprieto.
Mi corazón estallará, mi piel empapada en desenfreno, aumentaría el ritmo.
Sé lo que significa, cada vez más fuerte, más rápido, ese gruñido que me indica que esta por acabar, abro mi trasero, lo siento ir más profundo, mi mano toca mi clítoris al mismo ritmo que va el, lo retengo justo en la orilla cuando siento el primer chorro sacudirme, me voy con él.
Así es nuestra danza, una escapada de locura, libertad y frenesí, nos olvidamos un rato de la vida y nuestros problemas, dos compañeros de habitación que disfrutan del uno al otro, para luego decirse hasta la próxima aventura.
Mis ojos en blanco, gemidos casi inaudibles, espalda curvada, me elevo, mi mente sale de mi cuerpo y solo siento placer duro, rompiendo y construyendo cada parte de mi ser. Él sigue, y extiende esa sensación de volar en éxtasis al cielo, siento mis jugos empapando, cada vez más apretada.
Siento que estoy hirviendo y caigo de vuelta a esta dulce tortura.
Me voltea, y lo siento en mi espalda, es cuidadoso, esa ternura y cuidado me llevan a otro lugar, de seguridad, la orden sale y se ejecuta sin dudar, no hay mayor libertad que confiar, lo siento entrando en esa zona tan prohibida y sucia, siento mis músculos luchando contra él, su mano en mi clítoris de alguna manera.
Sus embestidas suben y nuestros gemidos, siseos y quejidos crean una balada.
Una balada que habla de pasión, sudor y entrega.
Exploto aún más fuerte que la anterior y siento su mano en mi cabello, su otra mano, una nalgada, dos, cada golpe me contraigo más y sé que lo aprieto.
Mi corazón estallará, mi piel empapada en desenfreno, aumentaría el ritmo.
Sé lo que significa, cada vez más fuerte, más rápido, ese gruñido que me indica que esta por acabar, abro mi trasero, lo siento ir más profundo, mi mano toca mi clítoris al mismo ritmo que va el, lo retengo justo en la orilla cuando siento el primer chorro sacudirme, me voy con él.
Así es nuestra danza, una escapada de locura, libertad y frenesí, nos olvidamos un rato de la vida y nuestros problemas, dos compañeros de habitación que disfrutan del uno al otro, para luego decirse hasta la próxima aventura.
Little Luna
Junio 17, 2023
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